Durante la sesión, los participantes pudieron conocer de cerca esta disciplina, basada en el uso de telas suspendidas para realizar movimientos, figuras y ejercicios adaptados a su nivel. La actividad permitió trabajar la coordinación, la flexibilidad, la concentración y el control postural, siempre en un ambiente seguro, guiado y participativo.
Más allá del componente físico, el taller también ayudó al alumnado a superar pequeños retos personales, ganar seguridad y descubrir nuevas formas de disfrutar del movimiento. Porque hacer deporte no siempre significa competir: también puede ser explorar, crear, expresarse y pasarlo bien.
Desde el centro valoramos muy positivamente este tipo de iniciativas, ya que acercan al alumnado a prácticas saludables, originales e inclusivas, fomentando hábitos de vida activos y el gusto por la actividad física.
Agradecemos la implicación de todas las personas que han hecho posible este taller y, por supuesto, la actitud positiva del alumnado, que se atrevió a probar, aprender y disfrutar de una experiencia diferente.
¡Seguimos apostando por un centro activo, saludable y lleno de energía!









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